All images and poems copyright Miguel Lopez Lemus©
Perdido en este pasar de la existencia
Sin sentido
El ocaso
De este tiempo
Quitarme de encima
Este dolor agudo
Que me quema
Este sabor a sangre
En la garganta
Incierto y mudo
Sin poder correr
Silencioso como un muerto
De pie
Mirando a la distancia
Perdido entre la gente
Muriéndome de pena
Con el rostro escondido
De vergüenza
Mirando mis manos
Con el miedo
Del asceta
Que no hace nada
Nada
Nada
Arránquenme estos ojos
Llévense el día entre sus manos
Clávenme la daga en el corazón
Si no voy a hacer algo
De que me sirve la existencia
Perdiendo el tiempo
Escribiendo majaderías
En mala lengua
Muerto de miedo
Y de nostalgia.
(Marzo 22 2003)
Juguemos a encontrar
el arco iris
en la embriagante
aguamiel de tu mirada
quemándose en la mía
carbonizando la incertidumbre
del tiempo
porque
¿sabes?
Sentado
en Schaumburg
tranquilo
el segundo día
en que la temperatura
llega a los noventa
rodeado de personas
que o conozco
los presumidos
y los pretenciosos
los que se encuentran
para hablar de negocios
y aquellos amigos que
no se conocen todavía
y que traen sus historias
y sus ropas de martes
para demostrar un interés
o un desinterés por
la cita arreglada por teléfono
a ciegas, como quien dice...
Los ojos y las ropas
parecen arco iris
verdes, azules, cafés, negros
grises y quizás demasiado
colorete en las chapas
tratando de disimular el
encierro en la oficina
o en la casa
todos llega
a recuperar el resplandor
el esfuerzo perdido
que abra de necesitarse
para salir adelante con
el día
Por que será que
los hombres siempre
se quedan atrás en simpatía?
Y por que será qué las mujeres
siempre se tienen que conformar
y soportarlos?
Los lentes obscuros
esconden el desvelo
la tristeza, el llanto
apenas acontecido a las
seis de la mañana
y aquella dama
de sociedad elegante
y bien vestida
sucede ser únicamente
la vendedora de raíces
y bienes tratando de
ganarse el pan de cada día...
El capuchino se revuelca en
mi boca
como arena
dándome el impulso para
continuar con el día
Return to lobo estepario
Ya no busco
siempre llegas
con el cabello enredado
y las manos pintadas de rojo
envuelta en un silencio
mas profundo que
el vacío
arremedando primaveras
infiltrada de rocío
completa y aguda
como el tiempo
desde ti
para acá
solo el lago y la luna
me conocen
cuando vago
pensándote
riéndome conmigo mismo
por las calles
como un loco
El recuerdo de tus pasos
en los adoquines
por la esquina de mi casa
allá en el setenta
es ahora como
el sabor de la canela
vibrante y caliente
Llegas llena de lluvia
y de desvelos
te acompaña el viento
como hermana
y en las noches
eres como sombra
que se mueve
en los jardines
entre los arbustos
y las ciruelas
de ti parte
el delta
de mi angustia
Hay rumores que nos
hacen temblar como niños
que pasan como sombra
y presencia
impalpable y oculta
como aquella noche en Celaya
lo recuerdas?
En que después de los chaneques
el teodolito y las estrellas
te acercaste a mí en la cocina
y sentimos el terror
el miedo
y quizás hubo hasta
una ventisca que rozo
nuestros rostros
inolvidable su presencia
Estas aquí
en el centro de mi entraña
abarcándolo todo
azucena
el viento agita tu cabello
y mis manos
recorren el infinito de tu cuerpo
mañana cuando ya no estés
cuando ya no estemos
este lugar va a quedar
marcado para siempre
con el ritmo de nuestros
recuerdos
tan cerca y ya tan lejos.
Return to lobo estepario
Hay ahí un puente largo
y delgado que baja
lentamente hasta el puerto
donde un marinero
solitario cuida,
paseándose sin cesar.
La noche y los peces
temblorosos con
un Máuser de la
segunda guerra mundial
allá cuando México le declaro
la guerra a Hitler
quien dijo que no tenía tiempo
para pelear con indios
sin saber lo que le paso
a las topas de Napoleón cuando
cayeron en la puebla de los Ángeles.
Al final de la noche siempre hay
canciones que nos queman
imágenes que incendian
el alma
y de las que no podemos
escapar aunque quisiéramos
pero a eso de las dos
de la mañana
junto al mar
se escucha la voz de las sirenas
y es cuando más miedo da
porque entonces no cuesta trabajo
correr y perderse en lo profundo.
Cuando tu no estas
las estrellas parecen recordarte
hasta debajo de mis pies brillan
Zipolite es el grito y el silencio
la muerte y el sordo tiritar
de huesos
frente a la luz
de una vela que me impide ver tu rostro
hasta olvidarlo
confundido con las mascaras de
chac y mol
y las ruinas de Ococingo
empotradas en mi tiempo.
Quizás cuando regreses
ya sea demasiado tarde para herirme
quizás ya el tiempo habrá hecho
de las suyas y me haya redimido
entre los gatos que maúllan
sin permitirte el gusto
de dejarme
con los labios buscándote
y los ojos bañados
con ríos de sal y arena
Los mangos en Veracruz
crecen al lado del camino
sin dueño, nomás porque si
y así me voy a ir yo
por Veracruz
sin pedir permiso
ni limosna
nomás porque si...
Y tu
puedes quedarte
en Pilsen
con los perros.
Mayo 22 1998
©Miguel Lopez-Lemus